The
1001: A Nature Trust
(Traducción directa de Wikipedia Eng)
The
1001: A Nature Trust, cuyos contribuyentes son a veces llamados
The 1001 Club, es una fundación financiera que ayuda a
financiar a World Wide Fund for Nature. Este se estableció en
1970 por el entonces líder de WWF, el Príncipe Bernhard de los
Países Bajos, con la ayuda de Anton Rupert, un empresario
sudafricano.
Fundación
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Príncipe Bernhard de
Lippe-Biesterfeld
de los Países Bajos
|
Príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld de los Países Bajos (1911-2004) Según el WWF, en 1970, el entonces primer presidente de WWF Internacional, el príncipe Bernhard de los Países Bajos, lanzó una iniciativa para proveer al WWF de una base financiera sólida. WWF se estableció con un capital de 10 millones de dólares, conocido como The 1001: A Nature Trust. Cuando WWF buscó aumentar esa cifra de 10 millones, Anton Rupert propuso al príncipe Bernhard de la idea de encontrar a mil individuos para hacer una contribución de 10.000 dólares cada uno. Junto a Rupert, el príncipe Bernhard desarrolló el concepto del 1001 Club en 1970 para ayudar al WWF a cubrir sus gastos generales.
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El empresario
sudafricano, Anton Rupert |
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Charles de Haes (1938)
|
En
1971, o poco antes, mientras el Príncipe Bernhard todavía era el
Presidente de WWF
International,
Rupert sugirió proporcionarle un asistente personal, asignado para
trabajar en la sede de WWF International, mientras que la empresa
matriz pagaba su salario. Rupert
propuso los servicios del economista y abogado belga, Charles
de Haes,
que por entonces era ejecutivo de su compañía, Rothmans
Internacional.
En 1971, de Haes recibió el encargo de trabajar junto al Príncipe Bernhard para establecer una financiación permanente para WWF International y alcanzar la meta de 10 millones de dolares en operaciones. De Haes llevó a cabo esta tarea con éxito a principios de la década de 1970 y fue nombrado Director General Conjunto de WWF International en 1975 y luego único Director General en 1977 o 1978, puesto que ocupó hasta 1993.
Según WWF, "desde el establecimiento de The 1001, WWF International ha podido utilizar los intereses del fondo fiduciario para ayudar a cubrir sus costos administrativos básicos". El establecimiento de un fondo permanente para WWF Internacional permitió que la sede internacional de WWF fuera financieramente independiente de sus secciones nacionales. Los fondos recaudados a través del Club 1001 permitirían a la sede internacional de WWF asegurar a los posibles donantes que su dinero no se utilizaría para los gastos administrativos de la sede, ya que estos ya estaban asegurados en gran medida por la dotación. Como consecuencia, este acuerdo hizo que WWF International fuera financieramente independiente de las ramas nacionales de WWF en todo el mundo.
Según WWF, "desde el establecimiento de The 1001, WWF International ha podido utilizar los intereses del fondo fiduciario para ayudar a cubrir sus costos administrativos básicos". El establecimiento de un fondo permanente para WWF Internacional permitió que la sede internacional de WWF fuera financieramente independiente de sus secciones nacionales. Los fondos recaudados a través del Club 1001 permitirían a la sede internacional de WWF asegurar a los posibles donantes que su dinero no se utilizaría para los gastos administrativos de la sede, ya que estos ya estaban asegurados en gran medida por la dotación. Como consecuencia, este acuerdo hizo que WWF International fuera financieramente independiente de las ramas nacionales de WWF en todo el mundo.
Críticas
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Mobutu Sese Seko y
su identificativo
sombrero de
piel de leopardo
|
En su libro, "En manos del Hombre: Peligro y Esperanza de la Vida Salvaje de África", Raymond Bonner acusó a WWF de emplear métodos neocolonialistas. En su reseña de este libro, Ann O' Hanlon de The Washington Monthly, quien calificó las denuncias de Bonner como una "acusación exhaustiva de WWF", escribió: "La lista secreta de miembros incluye un porcentaje desproporcionado de sudafricanos, demasiado felices en una era de destierro social como para ser bien recibidos en una sociedad de élite. Otros contribuyentes incluyen empresarios con conexiones sospechosas -incluido el crimen organizado-, el desarrollo ambientalmente destructivo y casos de corrupción política. Incluso un informe interno llamado perspectiva egocéntrica y neocolonialista de WWF. Gran parte del informe fue encubierto.
Según
Stephen
Ellis,
quien intentó demostrar la influencia del lobby de sudafricanos
blancos en la financiación de WWF Internacional, "los miembros
más conocidos del 1001 Club fueron personas de irreprochable
integridad, aunque se debe notar que otros miembros incluyen un
pequeño número de individuos desprestigiosos tales como el
presidente Mobutu
Sese Seko
de Zaire
y
Agha Hasan Abed,
expresidente del Banco
de Crédito y Comercio Internacional (BCCI),
responsable del mayor fraude de la historia financiera mundial.
Mobutu Sese Seko y Agha Hasan Abedi fueron miembros conocidos del
1001 Club al menos durante el año 1987. Stephen
Ellis y Gerrie
ter Haar
describieron el Club 1001 de WWF como "una asociación donde la
realeza europea se codea con los principales industriales, pero
también con algunas figuras claramente dudosas del mundo de la gran
corrupción y la inteligencia secreta". Según
ellos, el organismo aparentemente no-político del WWF dio acceso a
conexiones con una clase de élite, lo que significa que "la
membresía en redes y sociedades internacionales elitistas"
permitió a los líderes africanos "reunir a prominentes
personajes con una esplendida discreción" como prueba la
participación del presidente Mobutu en el Club 1001. En este
contexto, Ellis y Ter Haar consideran que la atracción clave de las
sociedades secretas es que "la membresía brinda oportunidades
para hacer tratos políticos no observados por la masa de la
población y para formar lazos de solidaridad que van más allá de
lo común" y afirman que "el secreto une a las personas".
Ellis
también subrayó que "las identidades de los 1.001 miembros del
club reflejan perfectamente el círculo de conocidos de Bernhard".
Según Ellis, también revelaron "la influencia de las
principales personalidades sudafricanas".
La
lista de membresía disponible en 1987 incluía al menos a 60
sudafricanos, incluidos miembros prominentes del Afrikaner
Broederbond,
los cuales estaban en la cima de compañías que dependían del
patrocinio de dicha hermandad, como Johannes
Hurter
(presidente de Volkskas),
Etienne
Rousseau
(presidente del grupo minero e industrial Federale)
y Pepler
Scholtz
(ex director gerente del grupo financiero Sanlam).
El 1001 Club fue particularmente popular entre los altos ejecutivos
de negocios sudafricanos durante el apartheid, permitiéndoles
establecer contactos y hacer negocios a nivel internacional evitando
las sanciones internacionales. Al
menos tres miembros sudafricanos del Club 1001 habían sido
implicados en el llamado Escándalo
Muldergate
en Sudáfrica, en el que se reveló que el gobierno de Pretoria
había utilizado fondos del servicio secreto para comprar el control
de los periódicos. Uno de ellos, Louis
Luyt,
que jugó un rol destacado en el escándalo, fue un ex-socio
comercial de Anton
Rupert.






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