WWF y The 1001 Club


The 1001: A Nature Trust
(Traducción directa de Wikipedia Eng)



The 1001: A Nature Trust, cuyos contribuyentes son a veces llamados The 1001 Club, es una fundación financiera que ayuda a financiar a World Wide Fund for Nature. Este se estableció en 1970 por el entonces líder de WWF, el Príncipe Bernhard de los Países Bajos, con la ayuda de Anton Rupert, un empresario sudafricano.

Fundación

Príncipe Bernhard de 
Lippe-Biesterfeld 
de los Países Bajos
Príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld de los Países Bajos (1911-2004) Según el WWF, en 1970, el entonces primer presidente de WWF Internacional, el príncipe Bernhard de los Países Bajos, lanzó una iniciativa para proveer al WWF de una base financiera sólida. WWF se estableció con un capital de 10 millones de dólares, conocido como The 1001: A Nature Trust. Cuando WWF buscó aumentar esa cifra de 10 millones, Anton Rupert propuso al príncipe Bernhard de la idea de encontrar a mil individuos para hacer una contribución de 10.000 dólares cada uno. Junto a Rupert, el príncipe Bernhard desarrolló el concepto del 1001 Club en 1970 para ayudar al WWF a cubrir sus gastos generales. 


El empresario 
sudafricano,
Anton Rupert
El empresario sudafricano Anton Rupert (1916-2006) Rupert, un viejo amigo del príncipe Bernhard, fue generalmente reconocido como uno de los principales empresarios de Sudáfrica, siendo fundador y presidente de Rembrandt Tobacco Company, líder de Rothmans Internacional y uno de los hombres más ricos del país. En sus primeros años de carrera, Rupert estuvo íntimamente asociado con la Afrikaner Broederbond, una sociedad secreta de nacionalistas africanos. A la propuesta del príncipe Bernhard (en 1968) de fundar una rama nacional sudafricana de la WWF, Rupert estableció la Southern African Nature Foundation (SANF), de la cual fue presidente, persuadiendo a empresarios sudafricanos para unirse a su consejo de administración. Rupert también sirvió como administrador de WWF durante 22 años, hasta 1990, a pesar de una disposición en los documentos de incorporación originales de la organización que limitaba la participación de sus miembros a dos trienios. Rupert se hizo tan influyente en los círculos internos de WWF que llegó a colocar en la organización al director general de su sede internacional en Suiza. 

Charles de Haes (1938)
En 1971, o poco antes, mientras el Príncipe Bernhard todavía era el Presidente de WWF International, Rupert sugirió proporcionarle un asistente personal, asignado para trabajar en la sede de WWF International, mientras que la empresa matriz pagaba su salario. Rupert propuso los servicios del economista y abogado belga, Charles de Haes, que por entonces era ejecutivo de su compañía, Rothmans Internacional.

En 1971, de Haes recibió el encargo de trabajar junto al Príncipe Bernhard para establecer una financiación permanente para WWF International y alcanzar la meta de 10 millones de dolares en operaciones. De Haes llevó a cabo esta tarea con éxito a principios de la década de 1970 y fue nombrado Director General Conjunto de WWF International en 1975 y luego único Director General en 1977 o 1978, puesto que ocupó hasta 1993.

Según WWF, "desde el establecimiento de The 1001, WWF International ha podido utilizar  los intereses del fondo fiduciario para ayudar a cubrir sus costos administrativos básicos". El establecimiento de un fondo permanente para WWF Internacional permitió que la sede  internacional de WWF fuera financieramente independiente de sus secciones nacionales. Los fondos recaudados a través del Club 1001 permitirían a la sede internacional de WWF asegurar a los posibles donantes que su dinero no se utilizaría para los gastos administrativos de la sede, ya que estos ya estaban asegurados en gran medida por la dotación. Como consecuencia, este acuerdo hizo que WWF International fuera financieramente independiente de las ramas nacionales de WWF en todo el mundo. 

Críticas

Mobutu Sese Seko y 
su identificativo 
sombrero de 
piel de leopardo
En su libro, "En manos del Hombre: Peligro y Esperanza de la Vida Salvaje de África", Raymond Bonner acusó a WWF de emplear métodos neocolonialistas. En su reseña de este libro, Ann O' Hanlon de The Washington Monthly, quien calificó las denuncias de Bonner como una "acusación exhaustiva de WWF", escribió: "La lista secreta de miembros incluye un porcentaje desproporcionado de sudafricanos, demasiado felices en una era de destierro social como para ser bien recibidos en una sociedad de élite. Otros contribuyentes incluyen empresarios con conexiones sospechosas -incluido el crimen organizado-, el desarrollo ambientalmente destructivo y casos de corrupción política. Incluso un informe interno llamado perspectiva egocéntrica y neocolonialista de WWF. Gran parte del informe fue encubierto.


Según Stephen Ellis, quien intentó demostrar la influencia del lobby de sudafricanos blancos en la financiación de WWF Internacional, "los miembros más conocidos del 1001 Club fueron personas de irreprochable integridad, aunque se debe notar que otros miembros incluyen un pequeño número de individuos desprestigiosos tales como el presidente Mobutu Sese Seko de Zaire y Agha Hasan Abed, expresidente del Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), responsable del mayor fraude de la historia financiera mundial. Mobutu Sese Seko y Agha Hasan Abedi fueron miembros conocidos del 1001 Club al menos durante el año 1987. Stephen Ellis y Gerrie ter Haar describieron el Club 1001 de WWF como "una asociación donde la realeza europea se codea con los principales industriales, pero también con algunas figuras claramente dudosas del mundo de la gran corrupción y la inteligencia secreta". Según ellos, el organismo aparentemente no-político del WWF dio acceso a conexiones con una clase de élite, lo que significa que "la membresía en redes y sociedades internacionales elitistas" permitió a los líderes africanos "reunir a prominentes personajes con una esplendida discreción" como prueba la participación del presidente Mobutu en el Club 1001. En este contexto, Ellis y Ter Haar consideran que la atracción clave de las sociedades secretas es que "la membresía brinda oportunidades para hacer tratos políticos no observados por la masa de la población y para formar lazos de solidaridad que van más allá de lo común" y afirman que "el secreto une a las personas".


Agha Hasan Abedi

Ellis también subrayó que "las identidades de los 1.001 miembros del club reflejan perfectamente el círculo de conocidos de Bernhard". Según Ellis, también revelaron "la influencia de las principales personalidades sudafricanas". La lista de membresía disponible en 1987 incluía al menos a 60 sudafricanos, incluidos miembros prominentes del Afrikaner Broederbond, los cuales estaban en la cima de compañías que dependían del patrocinio de dicha hermandad, como Johannes Hurter (presidente de Volkskas), Etienne Rousseau (presidente del grupo minero e industrial Federale) y Pepler Scholtz (ex director gerente del grupo financiero Sanlam). El 1001 Club fue particularmente popular entre los altos ejecutivos de negocios sudafricanos durante el apartheid, permitiéndoles establecer contactos y hacer negocios a nivel internacional evitando las sanciones internacionales. Al menos tres miembros sudafricanos del Club 1001 habían sido implicados en el llamado Escándalo Muldergate en Sudáfrica, en el que se reveló que el gobierno de Pretoria había utilizado fondos del servicio secreto para comprar el control de los periódicos. Uno de ellos, Louis Luyt, que jugó un rol destacado en el escándalo, fue un ex-socio comercial de Anton Rupert.





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